jueves, 2 de abril de 2026

Mente Original



En el budismo, se suele decir que la mente original del ser humano, la mente con la que nacemos, es como un espejo transparente, puro y sin adornos, sin forma, color ni contenido alguno. Si algo se interpone en su camino, el espejo lo refleja con exactitud, pero el espejo mismo no engendra nada. Si lo reflejado se va, su imagen desaparece, pero el espejo no pierde nada. Dentro del espejo no hay nacimiento ni muerte. Por muy impuro que sea lo que se refleja, el espejo no se ensucia ni se embellece por el hecho de que algo bello se refleje en él. El hecho de que se reflejen más cosas no significa que algo aumente en el espejo, ni que algo disminuya cuando se reflejan menos objetos. Un espejo no aumenta ni disminuye.

La naturaleza original pura del ser humano es precisamente esta. Sin forma, figura ni color; sin nacimiento ni muerte; ni limpio ni sucio; ni creciente ni decreciente; ni masculino ni femenino; ni joven ni viejo; ni inteligente ni estúpido; ni rico ni pobre. No hay palabras, ni explicación posible, ni descripción que se aplique aquí, solo una base pura como un espejo. Esta es la verdadera cualidad del ser humano; esta es una experiencia real. Desde nuestro zazen (meditación sentada), cortamos todo nen (instantes mentales), cavamos hasta la fuente de ese nen; cavamos, cavamos, cavamos hasta llegar al lugar donde el carácter humano se ha purificado por completo. Cuando se alcanza el punto de origen, se puede tocar este estado mental.

Este carácter humano puro, semejante a un espejo, puede aceptar y recibir todo, pero nada de lo que se refleja se adhiere a él. Refleja todo tal como es, pero el espejo mismo permanece inalterado. Esta Mente, semejante a un espejo, no tiene sentido de «ese soy yo» ni de «ese es él, no yo». No existe el dualismo; no hace distinciones de ese tipo. En su esencia, no hay diferenciación entre el yo y los demás. El mundo que se refleja en ese espejo —y que es reflejado por él— no es un mundo de yo y otro; no tiene tal separación, acepta todo como un todo unificado. Desde el origen, solo hay un mundo, sin división entre «mi» mundo y «tu» mundo.

Comprender esto como un hecho real, a través de la propia experiencia, es la sabiduría del Buda. De ahí surge el funcionamiento de la mente humana, que naturalmente siente el dolor ajeno como propio y la alegría ajena como propia. Una mente cálida y comprensiva surge naturalmente de esta sabiduría y experiencia. Eso es lo que se conoce como la compasión del Buda.

Si logramos comprender la esencia de nuestra naturaleza humana, el mundo entero se convierte en Uno. No dividido, se manifiesta como un Todo unificado, un mundo vasto, expansivo e inmenso. Aquí entra en juego la sabiduría, y la alegría, el sufrimiento y la tristeza de los demás se transforman en nuestra propia alegría, sufrimiento y tristeza. No se trata de la alegría ajena, sino de la nuestra. Así, una Mente cálida y abarcadora se revela de forma natural y se convierte en la fuente de nuestra acción. En resumen, esto es lo que el Buda quiso decir cuando afirmó: «Buscad la luz en vuestro interior».


Shodo Harada Roshi
Traducción:Gakudō

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