No digas que algo es hermoso sin verlo. No digas que es aburrido sin escucharlo. Sea cual sea nuestra posición o condición, nadie carece de la vida que existe ahora. Todos vivimos en el presente. Este es el lugar donde el cuerpo y la mente nunca se separan. A esto se le llama Genjō: manifestación. Ya está ahí, antes de hablar de gustos o disgustos, de lo bueno o lo malo. Lo recibimos, lo encontramos y lo vivimos en el mismo tiempo, en el mismo lugar y con la misma persona.
Este estado, en el que no podemos huir ni escondernos, se llama Kōan: la realidad última. No tenemos otra opción que enfrentarlo. El kōan no es asunto de otro, es siempre nuestro propio asunto: “¿Qué harías si fueras tú?”. Incluso cuando no podemos dejar de pensar una y otra vez, no podemos escapar de nosotros mismos. En esa situación, ¿qué hicieron Dōgen Zenji y los patriarcas? Aprendieron los hechos que existen antes del pensamiento, no a través del pensamiento, sino aceptándolos con honestidad, sin imponer sus propias opiniones. Eso es lo que se llama no pensar: la manera de vivir. Sin esto, la práctica del zazen sería como la cáscara vacía de una cigarra.
Genjō Kōan, la manifestación de la realidad última, consiste en confirmar por nosotros mismos si nuestro presente inevitable es realmente lo que creemos que es.
• Interferir con otros significa que hay deseos interesados: queremos que las cosas sean de cierta manera.
• Las preocupaciones no existen en otro lugar: surgen cuando nos centramos en nosotros mismos y en nuestra conveniencia, en lo que consideramos bueno o malo.
• El Zen es la forma de mostrar nuestros propios hechos. Estar enojado, frustrado, alegre o triste: todo son hechos de nosotros mismos. Si buscamos hechos distintos a estos, si buscamos solo lo que nos gusta, seguimos atrapados en nuestros pensamientos."
Gien Inoue

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