sábado, 25 de diciembre de 2021

Ser árbol, montaña, naturaleza



El verbo o la escritura no pueden expresar en último término la verdad. Ninguna conferencia, ninguna lectura pueden hacer comprender la esencia de Zen.

Zen es experiencia no limitada a una visíón dualista de los fenómenos. Sí contemplamos una montaña, por ejemplo, po­demos considerarla desde un ángulo objetivo, analizarla científicamente, hacerla entrar en las categorías del discurso. Pero en Zen nos convertimos en montaña o nos identificamos con la flor que se corta para colocarla en un recipiente lleno de agua y mantenerla viva.

Ser  montaña,flor, agua, nube...

En Japón se llama al monje zea «nube y aguaviva» (unsul). El monje no reside en ningún lugar, va de un lado para otro, libre como el agua, como el aire. De igual modo en za-zen se dejan discurrir las percepciones, las emociones, que se desli­zan  suavemente como las nubes o el agua del  río.

Zen no es únicamente el budismo, y la esencia de Zen no es el Zen.

Hace falta abandonarlo todo, incluso el budismo, incluso el Zen, y concentrarnos aquí y ahora en una sola casa:  el zazen.

Un a práctica regular del zazen nos restituye a las condicio­nes originales de la existencia. Hace un siglo vivia en Japón un maestro que se llam aba kihan (nube universal). «Haced zazen - decía- aquí y ahora. Si practicais continuamente os convertiréis en Buda».

Rostro iluminado, sensación de libertad, espiritu apacible. Olvidadlo todo, abandonadlo todo; sin objetivos ni fin deter­minado, sentaos en silencio.



Taisen Deshimaru

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