El verbo o la escritura no pueden expresar en último término la verdad. Ninguna conferencia, ninguna lectura pueden hacer comprender la esencia de Zen.
Zen es experiencia no limitada a una visíón dualista de los fenómenos. Sí contemplamos una montaña, por ejemplo, podemos considerarla desde un ángulo objetivo, analizarla científicamente, hacerla entrar en las categorías del discurso. Pero en Zen nos convertimos en montaña o nos identificamos con la flor que se corta para colocarla en un recipiente lleno de agua y mantenerla viva.
Ser montaña,flor, agua, nube...
En Japón se llama al monje zea «nube y aguaviva» (unsul). El monje no reside en ningún lugar, va de un lado para otro, libre como el agua, como el aire. De igual modo en za-zen se dejan discurrir las percepciones, las emociones, que se deslizan suavemente como las nubes o el agua del río.
Zen no es únicamente el budismo, y la esencia de Zen no es el Zen.
Hace falta abandonarlo todo, incluso el budismo, incluso el Zen, y concentrarnos aquí y ahora en una sola casa: el zazen.
Un a práctica regular del zazen nos restituye a las condiciones originales de la existencia. Hace un siglo vivia en Japón un maestro que se llam aba kihan (nube universal). «Haced zazen - decía- aquí y ahora. Si practicais continuamente os convertiréis en Buda».
Rostro iluminado, sensación de libertad, espiritu apacible. Olvidadlo todo, abandonadlo todo; sin objetivos ni fin determinado, sentaos en silencio.
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