miércoles, 22 de diciembre de 2021

No hay lugar futuro



La forma de practicar zazen es sin ningún propósito ni expectativa. Cualquiera que sea el estímulo que recibamos, ya sea el sonido de un perro que ladra afuera o el parloteo en nuestras propias mentes, debemos dejarlos ir. No hay ninguna razón para etiquetar estos estímulos como buenos o malos. Dejarlos ir es suficiente. Cuando practicamos de esta manera, nuestra mente se aquieta gradualmente. Nuestra práctica nos lleva al estado de no-mente de simplemente ser. A veces somos conscientes de este Ser que desaparece y reaparece, pero finalmente nos perdemos en nuestras sensaciones. Ésta es la experiencia de nuestro verdadero yo que proviene de practicar zazen de esta manera.

Con el tiempo, nuestra práctica evoluciona hasta el punto en que simplemente nos convertimos en las sensaciones que surgen de nuestros sentidos. Cuando el sonido del coche llega a los oídos, somos ese sonido. Cuando el olor del almuerzo llega a la nariz, somos ese olor. Y, cuando el dolor en las piernas por estar sentado llega al cuerpo, somos ese dolor. Así es como practican los sabios. Se convierten en la sensación, la experiencia.

Piensen en un bebé. ¿Tienen los bebés una razón para justificar cuando comen, duermen, ven o lloran? Los bebés realizan todas estas acciones sin pensar ni juzgar, pero como adultos estamos atados a nuestras mentes; cualquier acción que emprendamos conlleva una razón y un juicio. Como adultos, pensamos que necesitamos una razón para vivir y una motivación para trabajar duro. Un bebé existe perfectamente sin razones, juicios ni motivaciones. A menudo buscamos liberarnos de nuestros deseos humanos. Sin embargo, el punto que no vemos es que el mayor deseo humano es ser libre de nuestros deseos.


An Interpretation of Twelve Teachings from Gien Roshi
Enkaku Daruma

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