Zazen, que deja ir todos nuestros conceptos humanos, es el fundamento principal de nuestras vidas; y como tal, vela por nosotros, nos guía y da fuerza a nuestra propia vida y a la sociedad. Esta es la verdadera imagen del budismo como religión. Por eso podemos decir que zazen es para el budista lo que Dios es para el cristiano. En el Salmo 46, 10 se dice: "Estad quietos y sabed que yo soy Dios", y el zazen ciertamente lo actualiza. Nuevamente, se dice: "El reino de Dios no viene con observación: ni dirán: ¡Mira aquí! o ¡Mira allá! porque, he aquí, el reino de Dios está dentro de vosotros". (Lucas 17: 20-21.) (Ver también Mateo 12: 28, Hechos 17: 27-28, Romanos 14: 17, 1 Corintios 2: 9 ·) En zazen podemos ver directamente este "reino de Dios" dentro de nosotros . En Mateo 6:5-7 tenemos este pasaje:
5.- Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6.- Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
7.- Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
No hay expresión más pura y actual de este tipo de actitud de oración que zazen.
"Oh Padre mío... (no como yo quiero, sino) como tú". (Mateo 26: 39)
"Dios, sé propicio a mí, pecador". (Lucas 18:13.)
"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado por tu nombre. Tu venga el reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. (Mateo 6: 9-10)
Este contenido puro de la oración está todo incluido en la forma de oración zazen. Sin embargo, ¿cómo el zazen practicado por nosotros que hemos caído en el pecado puede contener lo que se acerca a Dios mismo? Esto es posible como veremos a través del apoyo del voto religioso y del arrepentimiento. Dicho de otra manera, podemos decir que es un zazen verdaderamente religioso, cuando se practica con el voto religioso y el arrepentimiento.
Kosho Uchiyama
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